Proyecto de autosustentabilidad. Nuestro viaje a Camizungo (Completo)

Llegó el gran día. Nuestro viaje a Camizungo por el proyecto de autosustentabilidad comenzaba. Por fin conoceríamos la aldea por la que estábamos luchando.

Las tres corríamos emocionadas por el aeropuerto. Con maletas que cargaban algunos sueños y muchas ganas de hacer cosas buenas. Tres chicas destino Angola.

Tiempo de sobra. Vuelo Madrid-Lisboa. Nervios. Muchos nervios.

Después corremos hacia el siguiente. Vuelo Lisboa-Luanda. Conseguimos asientos de tres, nos quedan 8 horas por delante, y el sueño comienza a apoderarse de nosotras, pero resistimos hasta la cena. Es necesario llenar el estómago. Sabemos que el próximo día será duro.

Día 1: Proyecto autosustentabilidad 

Nuestro vuelo llega a las 7:30. Salimos con ansiosas. Al recoger las maletas, las nuestras no llegan. Tras 20 minutos, vemos al fondo a dos chicos con nuestras maletas, nos dicen que quieren kwanzas a cambio de devolvernos nuestras maletas. No podemos creerlo, Rebeca habla con ellos, y los convence para que nos la devuelvan sin ningún tipo de negociacion.

Ha venido a buscarnos un íntimo amigo de Itamar (presidente de la ONG Atos con la que realizamos la «parceria»). Él nos llevará a Camizungo. ¡Vamos a conocer la aldea! Por fin vamos a ver a Ferminho, la escuela que ya se está construyendo, el terreno del proximo centro medico, sus casas, su gente…

El primer recorrido en coche se hace largo, tenemos tantas ganas… Pegadas a las ventanillas, pendientes de cada estímulo, de los olores, de esas mujeres capaces de caminar erguidas con 10 kilos de peso sobre la cabeza. El tráfico caótico que se entremezcla con los viandantes atrevidos. El polvo que crea pequeñas nubes alrededor, el calor que se pega en la piel.  

Proyecto autosustentabilidad

A la derecha un cartel. Camizungo.

“¡Corre! ¡Hacer foto! ¡Una fotoooooooooo!»

El coche comienza a luchar con los baches de un terreno arenoso. Empezamos a ver Baobabs, árboles que entrelazan sus ramas a izquierda y derecha. Verde. Ese verde. Las chabolas comienzan a resurgir entre la maleza. Chabolas hechas de chapa.

De pronto un baobab y alrededor muchos niños. Rezando.

Conocemos a Itamar y su maravillosa hospitalidad desde el instante 0. Conocemos a Fabiana y su tremenda entrega.

Nos metemos entre su gente, nos cantan y nos enseñan sus bailes. Hablamos con Itamar que nos cuenta paciente cada detalle de la construcción de la escuela. Nos explica la situación actual del proyecto, los problemas existentes, conocemos el sistema agropecuario instalado y vemos donde se construirá el centro médico.

En este vídeo podréis ver más sobre el proyecto de autosustentabilidad: https://www.youtube.com/watch?v=I2JNkKidHj0

Todo aquello nos sobrecoge. Es un proyecto precioso que le da las herramientas para que se autosustenten. Es lo que necesitan, aprender y evolucionar. La educación para el desarrollo.

Estamos felices. Tras 15 horas volvemos con Itamar a Luanda y tras una larga reunión en su despacho ultimamos detalles y fechas.

¡Comenzamos!

Día 2: Proyecto autosustentabilidad 

7:30

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Rinnnnnnnnnnnnnnnnngggggggggggggg!!!!!!!

Despertador.

Los ojos perezosos, nosotras somnolientas. Nos vestimos despacio. Preparamos las cámaras, baterías e instrumentos. Necesitamos capturar toda la información del mundo para el proyecto.

Desayuno. Hay que coger fuerzas.

Itamar y Fabiana nos esperan a las 8:30.

Vamos a comprar un desayuno para todos los niños de la aldea. Entramos en un centro comercial. Todo es diferente. Dentro no nos dejan grabar, así que vamos con cautela. Atentas a que no nos vean intentamos grabarlo todo. Compramos pan, platanos , y leche, un desayuno para cada niño.

Cuando llegamos a la aldea los niños están en misa bajo un baobab. Todos en círculo mientras cantan y tararean canciones que solo trasmiten felicidad. Nosotras sonreímos y comenzamos a aprender sus bailes  e imitar sus pasos. La felicidad sin adornos contagia.

 

Después Fabiana les coloca para ayudarnos a repartir el desayuno.

Luego los juguetes que compramos. Uno por niño.

Para los más mayores un balón de fútbol que hinchamos con ellos.  Llevamos 7, pero el resto, así como  las equipaciones se quedarán en la escuela para que se utilicen como torneos de deporte. Los niños sonríen. Felices. Les encanta el fútbol y no tardan en hablarnos del Madrid o del Barca. De Cristiano y Messi.

Después nos dividimos, yo me voy con María (es mi primer contacto con el idioma) y Rebeca por otro lado. Por un lado recorremos el poblado, cámara en mano, para entrar en las casas y ver como viven siempre preguntando antes. Queremos que os empapéis de su cultura tanto como nosotras. También de sus necesidades y del proyecto de autosustentabilidad. Nos conmueve su predisposición. La rapidez con la que abren las puertas de sus humildes hogares. Como te adentran en el calor de aquellas casas de chapa que rezuman el olor ardiente de la pobreza, pero que nos muestra como lo acogedor va más allá de lo “bonito de un hogar” porque nos sentimos como en casa.

Algunas de las más grandes han hecho su propio huertecito. Nos dicen que con el pueden comer los 5 integrantes de la familia. Es un huerto pequeño. Muy pequeño. Tienen 3 flores pequeñas en el jardín, y ella los parte ante nuestros gritos de “¡¡No!!”. Es para nosotras. Nosotras que nos acaba de abrir las puertas de sus casas. Nos da hierbas y una planta que si te duele cualquier cosa debes morder, tragar y “bum” los dolores terminan. Nos enseñan sus habilidades para hacer cestas de colores. 

Terminamos bajo la sombra de un Baobab. Enseñando a los pequeños a jugar a la comba mientras Rebeca le enseña los bailes que les gustaban tanto.

Las 17:30. Itamar llega para recogernos. Estamos agotadas, pero con el corazón lleno.

Nos quedan dos días por delante… Os contamos más en nuestra próxima entrada de blog.

Hemos tardado un poquito en completar las entradas (hemos estado un poquito hasta arriba), pero aquí vienen los dos últimos días de nuestro viaje a Camizungo.

Día 3: Proyecto autosustentabilidad 

Nuestro tercer día fue de contacto. Contacto en general con toda la cultura y la gente de Angola.

Para ello comenzamos por seguir descubriendo Camizungo, sus historias, sus circunstancias familiares. Seguimos haciendo entrevistas a los niños. ¡Qué geniales son sus respuestas!

Pasear entre sus casitas era probar sus comidas, descubrir sus huertos, conocer a los integrantes de la familia.

Por la tarde nos fuimos a conocer Luanda, una ciudad en la que se mezcla modernidad e historias. Una ciudad enorme repleta de barrios muy pobres. En la que se entremezcla el palacio del presidente con la miseria más descarada. Pisos a medio construir donde conviven la marca de las balas. Su historia. Esto impresiona muchísimo, parece que la pobreza en las capitales destaca más por el contraste.

No dejo de impresionarnos la sintonía entre riqueza y pobreza. Es difícil acostumbrarse a ello.

Día 4: Proyecto autosustentabilidad 

Este día estaba solo Rebeca, durante la mañana grabó frente a la cámara las diferentes fases del proyecto. Ella siempre poniendo el foco en lo más importante. Con su magia particular no tardó en conquistar a cada uno de los niños. Dos le regalaron un camión fabricado por ellos mismos.
Su creatividad es alucinante.
Alessandra le estuvo explicando las funciones principales del cendro médico del proyecto de autosustentabilidad. En quince minutos la atención del poblado fue tal que ya no entraban en el recinto en el que se construirá el mismo.
Ella estuvo informando a cerca de los principales problemas a los que se enfrentan los aldeanos: enfermedades de piel, muchas diarreas, fiebres, tensión alta, niños con síntomas de desnutrición, etc…
Al igual que aquí, a los  niños no le gusta ir al medico. Rebeca nos relata como Firminho se queda dormido en sus brazos, mientras ayudaba a Alessandra a repartir algunos medicamentos (la magia de la que os hablaba).
En este caso voy a poner literal su perspectiva de ese momento. No quiero modificar ni una coma.
Valoro mucho mas el esfuerzo de Atos, al ver Alessandra después de tres horas, incansable con sudor en su frente, atendiendo a cada persona con una sonrisa.
Por la tarde Rebeca visitó CEDUC – Zango: El centro de educación cristiano en el que Atos inicio sus proyectos….
Después, recogió las mochilas, al igual que nosotras el día anterior y emprendió su retorno a Sevilla. Un viaje intenso, pero de verdad, aprendes tanto de ellos que al final el cansancio es lo menos relevante.
¡¡Todo por Camizungo!!
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