EL HOMBRE ES EL REMEDIO PARA EL HOMBRE

EL HOMBRE ES EL REMEDIO PARA EL HOMBRE

“El hombre es el remedio para el hombre” dice un proverbio de la etnia wólof. Y así es porque desde que nacemos somos seres sociales y relacionales. Primero en nuestro entorno familiar. Luego en el colegio, en el trabajo, con los vecinos…Somos individuos pero fundamentalmente somos comunidad. Hojas y raíces en un árbol. Hormigas en un hormiguero gigantesco. ¿Acaso podríamos vivir solos en el mundo?

Nos relacionamos con palabras, con miradas, con apretones de manos, con abrazos… Y es esa comunicación intensa y continua la que nos hace crecer y nos moldea. Es ese mirar más allá de nuestro ombligo lo que nos hace personas y da sentido a nuestras vidas. “El hombre es el remedio para el hombre”: sencillo pero tremendamente cierto. Porque tenemos la solución en las manos, en la cabeza y sobre todo en el corazón. Porque, sin duda, el planeta sería distinto si aprendiéramos a comunicarnos con amabilidad y a desarrollar la empatía y la compasión. Pero no desde la superioridad de los que tienen más recursos o más suerte sino desde el amor y el convencimiento pleno de que todos somos absolutamente iguales. Solo así, levantando los ojos más allá de nuestras fronteras reales e imaginarias y también posándolos suavemente en el alma, es posible entender y aplicar estos términos.

Leí hace poco que el mundo no necesita gente más inteligente sino más bondadosa. Como dijo el famoso conferenciante Víctor Kupper en una entrevista, “la inteligencia sin bondad conduce a un mundo inmoral, falto de ética y perverso”. Y ya que estamos con frases de esas que hacen pensar, recuerdo una potente de Martin Luther King: “nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

Así que por orden. Está bien cultivar la inteligencia y el conocimiento. Es fantástico que nuestros niños sean cada vez más “espabilados”, que sepan utilizar el ordenador con tres años, que aprendan cinco idiomas y sepan de robótica y ajedrez. ¿Pero dónde queda la bondad? (Yo instauraría la asignatura de BONDAD con mayúsculas en los colegios. Creo que en Nueva York varias escuelas de preescolar lo han intentado). Y luego, si hay bondad. ¿Dónde está la acción? Porque la bondad sin acción es como un pájaro sin alas.

“El hombre es el remedio para el hombre”. El principio y el final. La clave, la solución del complejo jeroglífico en el que se ha convertido nuestra existencia. Más amor, más bondad, más acción. Tal vez ese sea el secreto.

 

Noemi Martín (@noemim75)

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