El calendario se abre de par en par, tachán, tachán: “día mundial de la bondad”. Qué preciosa manera de empezar la jornada. Bondad con mayúsculas y letras brillantes. Qué lindo suena. Qué acogedora, qué calentita. Imagino a la bondad, redonda y esponjosa. La acaricio mentalmente y es mullida y suave como el algodón. Además, huele rico: a vainilla y canela. Dejo de imaginar. Bajo de las nubes a tierra y resulta que el término bondad viene del latín “bonitas” y “bonito” es en su origen el diminutivo de bueno. Así que, lo mires por donde lo mires, la bondad tiene que ser bella para el que la practica y para el que recibe sus  enormes efectos medicinales. Dice Alejandro Jodorowski que “lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas”. Así que toca celebrar y recordar la necesidad de plantar semillas de bondad por los terrenos que transitemos y qué mejor manera que con la familia amorosa de Mundo Orenda que llevan a esta palabra-flor como bandera.

Bondad

Y resulta que la bondad, como todo, se practica. Sí, queridos y queridas. No hace falta ser un famoso y millonario filántropo para ejercitar y experimentar sus beneficios. Tampoco es preciso una gran inversión de tiempo y esfuerzo porque, ya decía Rousseau (aunque algunos como Hobbes y su “lobo humano” no lo tengan muy claro) que el hombre es bueno por naturaleza. Así que -en principio y salvo deshonrosas excepciones- solo hay que vivir con un poquito de atención y empatía para sacar el lado generoso y afable que llevamos dentro, debajo de esta capa de piel y estrés que nos envuelve. 

Ciertamente, en los momentos más complicados y dolorosos de la existencia, en las catástrofes o en circunstancias poco apacibles, se abre una hermosa brecha entre el desasosiego por donde entra la luz. Por donde se cuela la bondad humana en todo su esplendor. Es curioso, además, porque entonces suele ir acompañada de esperanza, de un sentimiento de comunidad y de una enorme apertura de corazón. Es mágico ver cómo el sufrimiento atrae dulzura, benevolencia y compasión. Como la bondad mejora el planeta y la vida. 

Pero quizá, no sea necesario esperar a los grandes desastres para empezar a entrenar la bondad. Una sonrisa y una palabra amable puede ayudar a ir calentado. Y luego un estiramiento leve: puede ser de bolsillo (que siempre se agradece) pero también del brazo o de la mano. Ahora que volvemos a tocarnos, una caricia en el hombro puede estimular el músculo de la alegría y la confianza. Así que, que  conste que ser bondadoso en estos tiempos no solo es poner un “me gusta” en una publicación (que tampoco está mal, pongan alguno, por favor). Igual requiere una pizca de conciencia y algunos minutos de atención al prójimo pero luego sus efectos son maravillosos e incontestables. Está demostrado científicamente que practicar la bondad y la ternura rejuvenece las células, reduce el estrés, incrementa la felicidad interior  y mejora nuestro bienestar. Así que si quieres estar estupendo, no te olvides de ser bueno.   

Amor y Bondad

No hay que descuidar tampoco, el ser bondadosos con nosotros mismos. Empecemos a tratarnos desde ahora con amabilidad. Sin juicios, sonriéndonos por ser quienes somos y por estar vivos. Démonos los buenos días. Habitémonos con cariño. Miremos después a nuestro alrededor y más allá. Compartamos esa energía y esa bondad inherente a nuestra naturaleza de seres unidos y conectados. Pero no a través de la redes, sino por medio del corazón y su energía luminosa. Imaginemos un mundo más apacible y generoso: un Mundo Orenda. Celebremos la bondad humana. Hoy y siempre.