Comparte tu luz

Comparte tu luz

¡Que levante la mano el que se haya sentido acelerado en los últimos meses! Madre mía, cuantos brazos en alto. Somos mayoría: todos subidos en el mismo barco del estrés y  la incertidumbre, del que no me toque a mí ni a los míos. Es cierto que este 2020 que parecía que iba a ser tan redondito, está dejando una herida profunda en la sociedad. Y las cicatrices que vendrán…Estamos ante un año potente, antipático, ante una apisonadora que ha arrasado con nuestra forma de vivir, de sentir, de amar. Transitamos resbaladizos por  el «año de los no abrazos».

Durante el confinamiento, muchos pensamos que cuando despertáramos de esta caótica pesadilla, tendríamos la sensación de haber crecido, de ser más fuertes y más sabios. De habernos conocido mejor a nosotros mismos. Pero, una vez que las puertas se han abierto, ¿han tenido tiempo de reflexionar? Yo no, al menos con tranquilidad y conciencia. Sigo corriendo, apagando fuegos, como siempre.

Ciertamente creía que este vendaval nos haría más empáticos y compasivos. Compasivos en el sentido budista del término, en el de ver al otro y querer calmar su sufrimiento pero no desde la pena o la lástima sino desde el respeto y la unión. Creía que este virus activaría la palanca de bondad que todos llevamos dentro pero a estas alturas de la nueva normalidad no lo tengo claro. Como tantas otras cosas.

Ciertamente no sé cual es tu situación, no tengo idea de la crisis personal o laboral que puedas estar viviendo. No conozco el peso de tu mochila. Lo que sí sé es que salir de uno mismo ayuda a ver el mundo y los problemas  propios con perspectiva y también que la empatía y la solidaridad nos hace más fuertes y felices. Incluso hay investigaciones científicas que afirman que el desarrollo de una verdadera preocupación por los demás junto con la expresión de amor y amabilidad mejora nuestra salud  y alivia el estrés.

Está claro que cuando abres el corazón,  parte de tus problemas se diluyen porque dejas de ser tú para fundirte con los otros. Porque abandonas el yoísmo y miras más allá de las fronteras de tu piel y tu fugaz existencia. Porque vuelves a la esencia del ser humano que es la de ser unión y no separación.

Si me estás leyendo, es que seguramente eres uno de esos afortunados del planeta que con más o menos dificultades tiene un  plato de comida en la mesa cada día. Sonríe, agradece, sé consciente de la suerte que tienes.  No te guardes toda esa luz  que a pesar de estos meses convulsos sigue brillando en tu interior. Compártela porque cuando la enciendes para los demás, eres tú el que encuentra el camino; el camino hacia un Mundo más Orenda.

Dalai Lama

Amor y compasión por Dalai Lama

Por Noemi Martín – Socia y colaboradora de Mundo Orenda.
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